Niño tapándose los ojos
ALIMENTACIÓN INFANTIL

POR QUE NO ES BUENO OBLIGAR A COMER A LOS NIÑOS

Es normal, que cuando nos convertimos en padres, nos lluevan consejos de como cree la gente que debe dormir el bebe, como debe comportarse y, por supuesto, como, cuándo y cuánto estiman que debe comer el niño.

Pero es importante saber, que las necesidades nutricionales de cada persona, sea de la edad que sea, son diferentes, y por tanto su alimentación también debe serlo.

Como dice el pediatra Carlos González, «no nos paramos a pensar la manera de comer de los adultos, que varia en base a motivaciones como si es Navidad o Cuaresma,  según queramos agradar a nuestra suegra, o lucir el bikini en verano, pero si lo hacemos con los niños, que no aceptan con facilidad las normas rígidas que les queremos imponer, y que no conocen cuales son las recomendaciones del pediatra, la Organización Mundial de la Salud, o lo que come el hijo del vecino».

El apetito regula la ingesta de alimentos, y la evolución ha hecho que cada uno lo haga de forma adecuada a sus necesidades.

Nuestro objetivo principal no debe ser que el niño coma, sino que quiera comer de manera saludable, y eso no se consigue con gritos, con insistencia, ni con premios y castigos.

¿POR QUÉ SE OBLIGA A UN NIÑO A COMER?

La comida tiene un componente emocional, y aunque es inevitable que los padres se preocupen por la salud de sus hijos, también existen otros factores.

Hay familias, en las que existe la creencia, de que si un niño no come igual que su primo, o no engorda con la misma facilidad que el hijo de la vecina, es por culpa de sus padres, que lo han malcriado consintiendo sus caprichos, que no han sabido «venderle» el alimento, (variando su dieta con colores y texturas), o que simplemente no lo saben cocinar para que sea apetecible.

También existe el mito de que «hay que comer para hacerse grande», aunque en realidad, el tamaño y la corpulencia de cada persona, viene marcado en los genes y en muy poca medida por su alimentación. 

Por mucho que obliguemos a comer a un niño, no llegará a medir dos metros, si no lo ha heredado en su genética.

Otra cuestión son los percentiles, que son cuadros de medidas que permiten valorar y comparar el crecimiento de un niño con relación a un rango estándar de niños sanos de la misma edad. 

Por ejemplo, el percentil 75, significará que de 100 niños sanos, 75 están por debajo de esa medida y 25 por encima. 

Algunos piensan que la gráfica informa sobre los bebés saludables y los enfermos, preocupándose si está por debajo, o siendo motivo de orgullo si está por encima.

No nos equivoquemos, en el mundo hay gente de todas las tallas, y eso no nos debe hacer pensar, que todos pesábamos lo mismo con la misma edad.

¿Por que nos cuesta tanto aceptar las diferencias de peso en nuestros hijos?.

POR QUE NO DEBEMOS PRESIONAR A UN NIÑO PARA QUE COMA.

  • Un motivo que puede hacer que un niño se niegue a comer, es que determinado alimento le siente mal.

Es importante observar como se encuentra el niño después de ingerir la comida, y si tiene algún tipo de reacción alérgica.

  • Existe una relación estrecha entre la alimentación sin control y obesidad.

Un estudio internacional publicado en el British Medical Journal hace referencia a que «muchas personas confunden el deseo de comer con el hambre. No solo estamos comiendo los alimentos equivocados sino también comiendo en exceso, e incluso una comida considerada saludable puede agregar más peso que una comida rápida. Es decir, engullir diez ensaladas puede ser tan malo como una hamburguesa.»

  • Puede que obligando a nuestro hijo a comer más de lo que necesita, provoquemos que el niño relacione la alimentación con un momento de angustia, y que reaccione con la inapetencia, mucho antes de que llegue a la hora de comer.

  • A veces también se utilizan recursos desafortunados, como la manipulación emocional, que reduce al mínimo la capacidad de decisión de nuestro pequeño, causando dependencia o rebeldía en un futuro.

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Es muy importante que los padres se informen y se impliquen en la tarea de que toda la familia haga una dieta saludable, dejando a nuestros hijos la decisión de cuanto comer para cubrir sus necesidades.

Y como siempre decimos, en caso de duda debemos dirigirnos a nuestro pediatra, para que estudie los casos en los exista síntomas asociados a la verdadera falta de apetito.

No es lo mismo un niño que no come, que un niño que no come todo los alimentos y las cantidades que nos gustarían.

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